Noches en vela

Lo que antes conocíamos como día,
ahora hace parte de nuestro concepto nocturno,
es tan fuerte el encuentro consigo mismo
y con los que se dice amar,
que prefieres huir por medio de un sueño
a tus remotos pensamientos,
prefiriendo miedos antes que realidades,
cambiando abrazos por gritos sin sentido.

Este punto de equilibrio era necesario para nuestro hábitat,
pero no solo para el que empieza a respirar,
también para aquel que nació con nosotros,
ese templo que necesita de un buen huésped,
que lo cuide y lo mantenga limpio.

En un mundo donde el afán reina,
un extraño ha puesto un pare,
las personas se han visto obligadas
a detener sus relojes.

Son muchas las concepciones
sobre lo qué pasa ahora en el planeta,
pero se han detenido a pensar,
¿cuándo volveré a tener tiempo
para mi y para los que amo
después de que todo esto pase?

Recordemos que el mundo actual
es como un tren sin frenos
y por razones que aún no entendemos,
el tren se ha quedado varado
en medio de la nada,
necesitando la ayuda de todos
para poderse reparar.

La vida, ese sin fin de preguntas
a la que pocas veces le encontramos respuestas,
dejemos atrás la duda
y pongamos en frente la consciencia,
esa que ayuda al hombre a reconocerse,
pues si lo externo nos pide un cambio,
empecemos ayudándole desde adentro.

“Ya que no podemos cambiar la realidad, cambiemos los ojos con los que vemos la realidad”.

– Nikos Kazantzazis.

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