Mirando hacia dónde todo comenzó,
empecé a recordarte.
Siempre me perseguiste en el camino,
pero ahora ya no siento a nadie detrás.
Comprendí que te habías ido,
y no porque quisieras desaparecer,
te fuiste porque quien te alimentaba de luz
te dejo sin energía.
Dormido en mis pensamientos
y recostado en esa pequeña ventana, vislumbre tu esencia,
en ese cielo desierto
que tantos misterios guarda,
pero la realidad superó mi mirada.
Sorpresas de la vida,
cuando entiendes que lo que dudaste
es lo que ahora vives,
tu nunca te fuiste,
sólo te escondiste,
pero me hiciste pensar
que la vida sin ti era triste.
Dejando a un guía sin su discípulo
y enfrentándolo a su temor,
desconociendo que lo que hacías
serviría más de indulto
que de castigo.
“Si te detienes a pensar en el tiempo que perdiste… lo estas perdiendo de nuevo”.
– Anónimo.